Es evidente que, en la sociedad actual, el uso del lenguaje es cada vez más caótico, ya que la gente busca ahorrar el máximo tiempo posible a la hora de expresarse, lo cual pasa factura a la hora de dirigirnos a un público, ya que puede resultar complicado dejar a un lado esta tendencia. Para ello, es importante replantearse nuestra forma de comunicarnos. En una conversación, no damos importancia al lenguaje ambiguo, el cual utilizamos con frecuencia, ya que nuestro interlocutor, gracias al lenguaje no verbal o al afecto que nos tiene, nos entiende a la perfección. Pero esto no ocurre a la hora de dirigirse a un público.
De la misma forma, gracias al uso abundante del lenguaje no verbal en nuestro día a día, dejamos de lado el lenguaje expresivo, ya que no lo necesitamos, puesto que el énfasis ya lo aportamos con nuestros gestos. Sin embargo, ambos lenguajes son esenciales para una comunicación eficiente.
Conseguir eliminar el lenguaje ambiguo y sustituirlo por un lenguaje más expresivo en nuestras presentaciones ayudará a nuestro público a entender mejor aquello que le queremos comunicar, además de fomentar su retención, es decir, que aquello que transmitimos dure en el tiempo, no solo los días posteriores a la presentación.

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